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Historia de Caravaca de la Cruz

 

Sus más remotos orígenes se encuentran en el Cerro del Castillo, donde se asentaron diversas culturas históricas desde el Argar al pueblo árabe. Sin embargo, la actual ciudad es el resultado de la unión de pequeños poblados primitivos de origen ibero asentados sobre los Cabezos de San Jorge, el Carmen, la Cruz, San Sebastián y el Cabecico. 



Del Periodo Musulmán a la Reconquista


Tras la invasión musulmana, formó parte de la Cora de Tudmir, gozando de los privilegios de aquel territorio mientras se mantuvo como una isla cristiana en medio del territorio ocupado por los árabes, independencia que concluyó en el reinado de Abderramán II. En el siglo XII, coincidiendo con la reconquista de Murcia por el rey Fernando III el Santo, se enmarca la tradición histórica del milagro de la Aparición de la Cruz, que la historiografía local sitúa en 1231. 

Se incorpora a Castilla a partir de 1243, con motivo del Tratado de Alcaraz. Durante algún tiempo fue posesión particular del aragonés Berenguer de Entenza, por expreso deseo de Alfonso X el Sabio, pasando después a manos de la orden militar de los Templarios, entre 1266 y 1310, fecha en la que fue disuelta la Orden por el papa Clemente V. 

En este periodo tuvo lugar la invasión del noroeste murciano por los moros granadinos que capitaneaba el alcalde de Huescar (1285), quienes tomaron por sorpresa el castillo de Bullas, lo que motivo la consiguiente represalia por parte del Rey Sancho IV el Bravo, quien desposeyó a los templarios de aquella abadía . Para evitar sucesos de este tipo, se fortificó el flanco oeste del territorio, en intimo contacto con Andalucía, con las torres vigías, aun en pie, de Jorquera y Represa. 


También en esta época Sancho IV concedió a Caravaca el Fuero de Alcaraz, haciéndola villa sobre si misma con jurisdicción sobre otras, concediéndole los elementos jurisdiccionales propios, tales como la horca y el rollo, que hoy solo perviven en el recuerdo gracias a la toponimia local. 

Entre 1310 y 1344 fue villa de realengo, pasando en esta última fecha a depender de la Orden de Santiago, mediante donación de Alfonso XI al gran maestre de la misma, Fadrique, bajo cuyo mandato estuvo hasta la desaparición del poder temporal de las ordenes militares en el siglo XIX. 

Desde mediados del siglo XIV hasta finales del XV, en que concluyó la Reconquista, se vió afectada por los acontecimientos propios de una tierra de frontera, con incursiones frecuentes de enemigos musulmanes, heroicas acciones de guerreros cristianos, despoblaciones humanas seguidas de repoblaciones artificiales..., todo lo cual constituyó una época idónea para la gestación de múltiples leyendas que ilustran y embellecen la historia local. 

En 1488, a punto de concluir la Reconquista, visito la villa, para adorar la reliquia de la Santísima Cruz, el rey Fernando el Católico, quien regalo a su Real Capilla una lámpara de plata que, transformada en el siglo XVIII, aun cuelga en el presbiterio del santuario de la patrona. 
 


El desarrollo de Caravaca


Con motivo de la época de paz que siguió a la conquista de Granada, la ciudad comenzó a salir del espacio amurallado que constreñía la población.

Se inició el trazado de nuevos barrios en los arrabales  del Buen Suceso y San Jorge, uniéndose los insignificantes núcleos de población existentes en los cabezos de San Sebastián, el Carmen y la Cruz a través de calles donde comenzaron a levantarse palacetes o casas solariegas de nobles e hidalgos, asentados en su término tras obtener de los reyes tierras conquistadas a los moros, que empezaron a ser roturadas y puestas en producción; asentándose, a la vez, abundantes ordenes religiosas que edificaron sus casas de religión en las afueras de la villa, como es el caso de los franciscanos, jesuitas y jerónimos, en la segunda mitad del siglo XVI. 

En la misma época, Santa Teresa de Jesús funda el convento de monjas carmelitas reformadas en el camino de Andalucía (hoy calle Mayor), y San Juan de la Cruz lo hace con frailes de su orden junto al Humilladero, también en el camino de Andalucía.

Se reedifica, en el solar de los Condes de Clavijo, intramuros de la muralla perimetral de la ciudad, la iglesia de la Soledad, que sustituyó en la centuria anterior a la de Nuestra Señora de los Ángeles en la fortaleza, aquella de fundación templaria.

Se edifican la imponente iglesia Mayor del Salvador, fuera de la muralla, junto a la puerta de Santa Ana; el hospital e iglesia de la Concepción (en el inicio del Camino Real de Granada), y se transforma, hasta darle el aspecto que hoy tiene, el viejo Torreón de los Templarios, en el complejo de Las Fuentes del Marques. 

 

La consolidación en la Edad Moderna


Durante el periodo barroco (siglos XVII y XVIII), la ciudad se consolida desde el punto de vista urbanístico, social y económico. Se abren nuevas calles y se urbanizan otras con criterios modernos de amplitud, rectitud y aseo. Se inicia, en 1617, la obra del Santuario de la Cruz, intramuros del castillo; se fundan los Conventos de Monjas Claras y de Hermanos de San Juan de Dios.

Se incrementa la secular devoción a la Cruz, que trasciende de las fronteras del Reino de Murcia, aumentando considerablemente las peregrinaciones desde todos los lugares de España, que obligan a aumentar la capacidad de plazas hospitalarias con que contaba la ciudad abriendo dos nuevos hospitales, uno regentado por los Hermanos de San Juan de Dios, y otro, en la calle Higueras, propiedad del Concejo. La administración local corría a cargo de un alcalde mayor o gobernador, nombrado por el rey a través del Real Consejo de las Órdenes, que era obligatoriamente santiaguista, asistido por un alférez mayor, un alguacil mayor y 18 regidores perpetuos. 

La actividad artística se multiplico, dotándose a iglesias y conventos de ostentoso ajuar religioso y de culto. Asimismo, la arquitectura suntuaria de carácter civil experimento un importante incremento con la edificación del Concejo y múltiples mansiones señoriales, la mayoría de las cuales aun se mantienen en pie. 

 

Los siglos XIX y XX


A comienzos del siglo XIX la villa sufrió el incendio a que fue sometida por las tropas del ejercito napoleónico capitaneadas por el mariscal Soult. En 1849, la reina Isabel II concedió a la hasta entonces villa, el titulo de ciudad. A la expulsión de los jesuitas, acaecida en el siglo XVIII, siguen en este siglo las motivadas por las leyes desamortizadoras de Mendizábal, que afectaron a jerónimos, franciscanos y frailes y monjas carmelitas y claras. 

En las guerras carlistas la burguesía conservadora y el clero apoyo al aspirante Carlos Maria Isidro de Borbón, mientras las facciones liberales lo hicieron con los realistas cristianos. Se construyó la romántica Plaza de Toros sobre el desamortizado convento de franciscanos, y el Teatro Thuillier sobre la antigua ermita y patio de comedias del Buen Suceso. Se hicieron los primeros intentos de instalación de luz eléctrica, se inauguró el agua corriente domiciliaria en 1884 y se instalaron el telégrafo y el teléfono en 1887. 

Las nuevas vías de acceso y los puentes de Santa Inés, Cehegín y Calasparra sobre los ríos Argos, Quipar y Segura en 1884, pusieron a la ciudad en situación de despegue económico, que se logró a principios del siglo XX con la industria alpargatera. 






Fuente: José Antonio Melgares
,
Fuente: La Región digital.-

 

 

 

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